Blackburn La intuición de BLACKBURN

Concebida por el Prof. Blackburn en 1973, hoy en día es el método de punta en la cura del sobrepeso. Blackburn probó que pequeñas cantidades de aminoácidos causaban, en el curso del ayuno proteínico, ligeros cambios en la respuesta metabólica y podían neutralizar el balance azoado negativo. Por lo tanto los peligros del ayuno absoluto se podían eliminar ingeriendo proteínas faltas de hidratos de carbono.

En estas investigaciones Blackburn codificó la cantidad exacta de proteínas que se tenía que asumir en el curso del ayuno para proteger la masa noble de un individuo, es decir de 1,2 a 1,5 gramos por kilo de peso ideal..

Así nació el ayuno proteínico que protege el equilibrio azoado y suprime el hambre gracias al estado de cetosis que la acompaña.

En efecto en el ayuno proteínico se tiene la reducción de la glucosa con consecuente activación del catabolismo de los triglicéridos adipocitares.

La lipoproteínlipasa hidroliza los triglicéridos en ácidos grasos y glicerol. El glicerol es oxidado a nivel del hígado en glucosa. El 40% de los ácidos grasos producidos se utilizan directamente en el trabajo muscular. El otro 60% sufre una una beta-oxidación a nivel hepático con la formación de Acetil-CoA. De la sucesiva condensación de dos moléculas de Acetil-CoA se forma el ácido acetatético. Éste se transforma, en máxima parte, en acetona y en ácido beta-hidroxi-butíricos.

Estos tres compuestos se denominan: cuerpos cetónicos.

La correcta funcionalidad pancreática, característica del paciente no diabético, permitirá la sucesiva reconversión, en presencia de mínimas concentraciones de insulina, de los cuerpos cetónicos en Acetil-CoA y su siguiente metabolización.

La formación de cuerpos cetónicos en el ayuno proteínico reviste numerosos beneficios: abastecen el 25% de la energía que el organismo necesita durante el ayuno proteínico, facilitan la utilización de los ácidos grasos libres de parte del cerebro que transforma su fonte energética utilizando para el 80% de su metabolismo los cuerpos cetónicos, que circulan libres en el organismo aportando energía, en efecto no necesitan de proteínas vectoras y se introducen libres en las membranas celulares. Por esto se puede concluir que el ayuno proteínico permite utilizar plenamente la energía del tejido adiposo, reduciéndolo, sin gastar la masa magra.

Mecanismo de acción

La aportación casi exclusiva de proteínas (1,2 g/kg en la mujer y 1,5 g/kg en el hombre) que representa una aportación calórica muy baja, obliga el organismo a sacar en sus reservas. Después del agotamiento de las mismas bajo forma de glucógeno, se establece una neoglucogénesis epática que llevará el 30% de los nutrimentos indispensables para el funcionamiento cerebral. Las proteínas se degradan, a nivel epático, en cuerpos cetónicos por un proceso de cetosis; estos cuerpos cetónicos tienen una doble acción:

Energética: en calidad de substratos energéticos del cerebro, en el que cubren el 80% de las exigencias, con efectos psicotónicos (efectos antidepresivos, aumento de las facultades intelectivas, euforia).

Anorexígena: los cuerpos cetónicos por estímulo del centro de la saciedad, situado en el hipotálamo, inducen un efecto fisiológico anti-hambre, con inhibición de la sensación de hambre a partir del tercer día del inicio de la dieta.

La supresión casi total de los glúcidos: con una drástica reducción de los glúcidos, sustituidos por verduras permitidas como: espárragos, espinacas, pepinos, judías, berenjenas, ensalada, brécolos, calabacines, puerros, insalada belga, se consigue una rápida disminución de la insulina que impedirá la puesta en reserva de grasos que producirá un derretimiento de los mismos por lipolisis.

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